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 Bitácora de Conciertos - #1 




‘Festival NO Convencional’ en el espacio de Fundación Santander 

Sábado 7 de Octubre 2023, 19 hs., Ciudad de Buenos Aires

El golpeteo constante en un tambor puede brindar una variada gama de sonidos, por más que parezca inverosímil. Sobre todo si te le acercás, y notás que según en qué parte del parche se golpea, irradia diferentes armónicos -parciales- que hacen que ningún golpe sea igual al otro. A la vez, podés notar que el golpeteo deja marcas sobre el parche, ya que al parecer la baqueta usada tiene una tinta que da fe que cada contacto con la membrana genera sonido y a la vez una huella visual. En breve, más tambores resuenan en el espacio del hall de la Fundación Santander, por lo que el público comienza a moverse de un lado al otro. Ya son varios los tambores que dibujan sus trazos sobre el parche, y la variación del discurso sonoro -extremadamente monótono- lo brinda el camino que el espectador elige, moviéndose por entre los percusionistas que ignoran la gente a su alrededor. 

Casi como una metáfora de lo que pasa en el arte contemporáneo, el estímulo incomoda obligando al observador a moverse y no quedarse quieto en la simple contemplación. El artista ignora al espectador, quien se vé traccionado a buscar sentido y valor en lo que no lo tiene por sí mísmo. Aclaro mi posición, que no es peyorativa -a veces-: digo que no es la pieza artística en sí la que contiene algo valioso, como puede ser materiales preciosos y mucho trabajo (tiempo y energía) puestos en su elaboración, sino que brinda una experiencia novedosa y activa para el espectador. Lo demás no importa. Aunque a veces uno se plantee si presenciar una obra de música contemporánea no es una prueba a los límites de la paciencia y la atención humanas...





Algo que se me pasó por la mente durante esa pieza musical fue reflexionar nuevamente sobre el sinsentido de las cosas. La cosa en sí, que en un punto sería el material sobre el que un signo se monta -ya que es una construcción- es en el caso de la música el sonido producido en unas condiciones espacio-temporales específicas y demarcadas, mal o bien. La cosa en sí actúa como vehículo sígnico, que en el sistema de representación de la comunicación sería el medio, y en realidad es una acción de evocar, la cual resuena en el espectador-receptor-interpretante. Insisto, el sonido en este caso moviliza algo en el espectador, y a mí particularmente me hizo pensar en el sinsentido que es rellenado de sentido por los participantes de la obra. En un punto me enojaba estar dándole atención a algo que yo sé tiene la intención de hacerme mover por el espacio y mirar los dibujos caprichosos que surgían del golpeteo constante y monótono. Pero a la vez, positivamente, pensé que no hay muchos sitios en donde preguntarse por el sinsentido de las cosas. La vida cotidiana puede ser una bonita construcción y repetición de rutinas que hacemos sin crítica, dando por sentado el sentido de las cosas, sin pensar en ellas. La sencillez del dispositivo inicial de la obra 'Usine Electrique' de Alexandre Babel me puso ante esta extrema cuestión: empiezo a patear a los percusionistas autómatas que están distribuídos en el hall o reflexiono sobre mi actitud triste ante el sinsentido de la vida -es una broma :-P, aqui estamos abiertamente en contra de todo tipo de violencias, especialmente ante 'casi' todos los músicos-.



Una segunda parte de la obra de Babel sorprendió con técnicas extendidas para la emisión de sonido en campanas tubulares, lo cual me pareció un hallazgo hermoso. Nuevamente, la distribución espacial de los sonidos hizo que el público pueda acercarce o alejarse de las fuentes, y la variedad de timbres tratados espacialmente fue muy rica. Podría ponerme a hacer una descripción de los timbres e instrumentos utilizados, como las placas de madera o piedra y las cuerdas resonadas electrónicamente con variación manual de la tensión, pero lo resumo como una bella síntesis sonoro espacial de muy buen gusto. Debo decir que esta contraposición de colores sonoros, combinados con luces titilantes, fue un contraste significativo con la primer parte, y así la performance fue completa y rica. Una delicia, sobre todo en aquella zona cercana al Parque Lezama, tan atravesada por propuestas clásicas y tradicionales. 

Sobre el espacio, una de las sensaciones que quiero recordar es aquella en la que unos chicos pasaban jugando con una la pelota sobre la vereda al otro lado del vidrio que aislaba espacial y acústicamente: una suma a la onírica sensación construída en el ambiente de la Fundación Santander en San Telmo.

Podría decir más? Sí, mucho más. Pero esto es lo quise registrar de ese evento en una tarde primaveral de Buenos Aires. Siempre hay algo más;  por ahora es suficiente. 

Hasta el próximo concierto.

Sebastian Hacemusica

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